La agenda cultural del último año dejó claro que Cultura Valle pasó de ser un concepto institucional a convertirse en una experiencia cotidiana para miles de personas. En distintos municipios, barrios y centros educativos, el arte se posicionó como una herramienta real de formación, participación y proyección social, con impacto directo en jóvenes, familias y gestores culturales.
Durante este periodo, más de 46 mil vallecaucanos participaron en procesos formativos diseñados para responder a contextos locales y dinámicas comunitarias. Talleres, laboratorios creativos y programas de circulación artística ampliaron el acceso a la cultura, mientras 608 eventos reunieron a públicos diversos en plazas, teatros y espacios alternativos. Cultura Valle se integró así a la vida diaria de comunidades que históricamente habían estado al margen de la oferta cultural.
Cultura Valle impulsa el baile como espacio de formación juvenil
La danza, especialmente la salsa, consolidó su presencia más allá de Cali. En municipios como Guacarí, las escuelas de baile funcionan hoy como centros de formación artística y social. Niños y jóvenes acceden a procesos continuos que combinan técnica, disciplina y trabajo colectivo, generando entornos seguros y opciones de desarrollo personal.
Estos espacios se han convertido en puntos de referencia comunitarios, donde el talento local encuentra acompañamiento y proyección. La estrategia de Cultura Valle fortalece estos semilleros con apoyo sostenido, permitiendo que los participantes construyan liderazgo y sentido de pertenencia desde el arte. El impacto se refleja en la permanencia de los procesos y en la apropiación cultural por parte de las familias.
Cultura Valle protege tradiciones y activa economías locales
El fortalecimiento de las tradiciones ancestrales fue otro eje clave. El viche, bebida patrimonial del Pacífico colombiano, recibió un respaldo económico estructurado que benefició a cerca de 810 productores. Este apoyo permitió mejorar condiciones de producción, comercialización y transmisión de saberes, asegurando la continuidad de una práctica cultural profundamente ligada a la identidad regional.
La creación de un fondo especializado destinó recursos directos a este ecosistema cultural, integrando patrimonio y sostenibilidad económica. Desde esta perspectiva, Cultura Valle articuló cultura, empleo local y desarrollo territorial, reconociendo el valor de los portadores de saberes tradicionales.
El cine y la literatura también ampliaron su alcance. El programa Valle al Cine llegó a 90 instituciones educativas, donde 854 niños y jóvenes participaron en procesos de formación audiovisual. Estas experiencias promovieron la creación de nuevos públicos críticos y abrieron espacios para que las historias locales encontraran canales de expresión.
Las muestras cinematográficas, festivales y actividades literarias dinamizaron la economía creativa en municipios pequeños, convocando a cerca de 82 mil asistentes. Estos encuentros fortalecieron el tejido social y posicionaron al audiovisual como una herramienta de participación cultural.
La gestión cultural proyectada hacia 2025 dejó resultados visibles en creación, formación y circulación artística. Gestores, formadores y artistas sostienen una estructura que continúa creciendo y adaptándose a nuevas audiencias. Cultura Valle se consolida como una estrategia integral que conecta juventud, tradición y creatividad en todo el territorio vallecaucano, apostando por el arte como base para comunidades más cohesionadas y participativas.
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