Cali sigue fortaleciendo su agenda ambiental con resultados tangibles gracias a la campaña Cali no es un cenicero, una iniciativa ciudadana que logró retirar 28.000 colillas de cigarrillo del espacio público en el barrio Granada. El proyecto se desarrolló durante cinco meses continuos y se enfocó en uno de los residuos urbanos más frecuentes y difíciles de manejar, logrando una intervención sostenida en calles, andenes y zonas de alto tránsito.
El sector de Granada, reconocido por su oferta gastronómica y cultural, fue el escenario principal de esta estrategia. La alta circulación de residentes y visitantes convirtió al barrio en un punto clave para medir el impacto de acciones coordinadas entre ciudadanía, gestores ambientales y promotores de cultura urbana. En este contexto, Cali no es un cenicero se posiciona como un ejercicio práctico de corresponsabilidad ciudadana orientado a mejorar las condiciones del entorno inmediato.
Cali no es un cenicero impulsa cambios visibles en Granada
Como parte del despliegue técnico, se instalaron más de 30 depósitos masivos y 10 dispositivos interactivos en puntos estratégicos del barrio. Estos elementos permitieron facilitar la correcta disposición de colillas por parte de fumadores adultos, reduciendo su presencia en el suelo y evitando que estos residuos llegaran a los sistemas de alcantarillado. La ubicación de los recipientes respondió a estudios de flujo peatonal y zonas de mayor acumulación de desechos.
A la par de la infraestructura, el proyecto desarrolló más de 30 jornadas de educación urbana. Un equipo juvenil especializado recorrió el sector promoviendo mensajes sobre el impacto ambiental de las colillas y la importancia de modificar hábitos cotidianos. Las actividades se integraron a la dinámica del barrio, generando una interacción constante con comerciantes, transeúntes y residentes, lo que permitió reforzar el uso de los puntos de recolección.

Cali no es un cenicero como referencia de gestión ambiental urbana
Las colillas de cigarrillo representan uno de los residuos más desechados a nivel global y uno de los más complejos de recolectar debido a su tamaño y composición química. Frente a esta realidad, Cali no es un cenicero evidencia cómo una acción local puede aportar soluciones concretas cuando se combina planificación, pedagogía y participación ciudadana.
Cali se convierte así en la tercera ciudad del país en implementar este programa, sumándose a experiencias previas desarrolladas en Bogotá y Medellín. La articulación entre distintos sectores permitió adaptar el modelo a las dinámicas locales, obteniendo resultados medibles en un periodo definido y sentando las bases para su continuidad.
Al finalizar esta etapa, los recipientes instalados permanecerán en las calles de Granada como parte del mobiliario urbano. Esta medida busca asegurar la sostenibilidad del proceso y mantener activa la correcta disposición de residuos en el sector. La educación ambiental continuará siendo un eje central, entendida como una herramienta clave para fortalecer la cultura ciudadana.
La campaña Cali no es un cenicero se integra a una visión de ciudad que prioriza el cuidado del espacio común y la gestión responsable de residuos. Con acciones constantes y participación colectiva, Cali avanza hacia un modelo urbano más ordenado y consciente del impacto ambiental de las prácticas diarias.
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