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La Vuelta De Miguel Ángel López

A falta del vasco, quien sí respondió a la dureza del Col de la Loze fue Miguel Ángel López, que buscaba el mismo objetivo, la etapa y el podio, y consiguió ambos. Ya es tercero. Superman vuela. Roglic no abrumó, pero es el más fuerte. Entró segundo en la meta y metió 17 segundos más a Tadej Pogacar, menos fresco que en otras jornadas montañosas.

El Bahrain se puso al frente desde la Madeleine con un trabajo en cadena que continuó en la Loze: Mohoric, Poels, Bilbao, Caruso… Sólo faltó la guinda de Landa en los cuatro kilómetros finales, cuando la carretera se convirtió en un muro con rampas que alcanzaban el 20%. El Tour se ‘vueltiza’. El alavés no respondió, pero el martillo árabe sí hizo daño. Los gallos venían maduritos.

El UAE cambió el tercio con De la Cruz al frente para lanzar a Pogacar. Ahí fue cuando Superlópez comenzó su vuelo agónico y majestuoso, ahí fue cuando la carrera explotó por los aires. Se formó un quinteto. López, Pogacar, Roglic y su compañero Kuss, y Porte, que entraba y salía. Pero las cuestas infernales no permitían ya estrategias. Era pura fuerza.

Superman voló hasta abrazar su primera etapa en el Tour, hasta el podio que el día antes ocupaba su compatriota Rigoberto Urán. Detrás, Roglic logró descolgar a su compatriota, que estuvo a punto de cerrar el hueco al final, pero volvió a sucumbir en las últimas rampas. Estos porcentajes perjudican más a Pogacar, que ha salido tocado, pero para nada hundido. Falta el tremendo encadenado alpino de este jueves y la cronoescalada del sábado.

Mikel Landa entró séptimo, a 1:20 del ganador, ocho segundos por detrás de Enric Mas, que crece con los días, el Tour se le va a quedar corto. Ambos mantienen sus plazas en la general: séptimo y octavo, respectivamente. El problema es que el podio se ha alejado a dos minutos. Pero había que probar. Y ese mérito hay que reconocerlo. Es mejor perder así que aparecer únicamente en las clasificaciones.

La trepidante jornada había arrancado con un gran titular que no sorprendió a nadie. Egan Bernal abandonó el Tour después de dos etapas arrastrado. Su imagen del martes, en la primera etapa alpina, descolgado en la grupeta de los velocistas, anunciaba esta posibilidad. Había teorías soñadoras que apuntaban a que, con mucho tiempo perdido, podía intentar todavía alguna gesta individual. Falsas esperanzas.

Bernal lleva con molestias de espalda desde antes de arrancar la carrera, que han acabado por devolverle a casa. El hundimiento del colombiano obliga a un análisis sobre la decisión de Ineos de dejar fuera a Geraint Thomas y Chris Froome. Posiblemente no hubiera cambiado nada, porque ninguno de los dos ofrecía buenas sensaciones. Pero hoy es inevitable pensar en la ausencia de dos ganadores del Tour.

Aquella jugada del Ineos que suprimía a Froome y Thomas de la alineación, incorporó también a Richard Carapaz como segundo de Bernal, como baza alternativa por si el colombiano, como ha sucedido, no superaba sus problemas físicos. Pero el Tour se le atragantó desde el principio, con caídas, averías, cortes.

Sin ninguna posibilidad ya en la general, el ecuatoriano asume ahora los galones en busca de la épica, que exploró por segundo día consecutivo. El martes se clasificó segundo en Villard de Lans y este miércoles resistió hasta que los gallos le devoraron a falta de tres kilómetros para coronar el terrible Col de la Loze. No pudo Carapaz, no pudo Landa. Pero estos ejemplos son los que hacen grande el ciclismo. Y el Tour.

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