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Así Se Reinventa La Firma Para El Próximo Otoño

Reinventar fórmulas que ya funcionan no es sencillo, y por eso tocar los lunares de Carolina Herrera es una tarea compleja. ¿Cómo se puede perfeccionar lo que ya se sabe redondo y que consigue poner de acuerdo al público? La respuesta no es inmediata, y aunque la modificación de tamaños (en blanco y negro, por supuesto) siempre está ahí, hay otro camino menos evidente y más efectista: hacerlos convivir con corazones, cuando no sustituirlos.

carolina herrera

Y no es que los lunares de Carolina Herrera hayan desaparecido de la colección de otoño-invierno 2021/2022 firmada por Wes Gordon es, simplemente, que han compartido protagonismo con un nuevo estampado de corazones, forma que ha sido uno de los leitmotivs de la propuesta creativa que rinde homenaje a Nueva York. Tanto el desfile como la campaña que lo arropa han sido fotografiados y filmados en puntos clave de la ciudad, reivindicando la sofisticación que desde hace cuarenta años comparten casa y urbe: fue en 1981 cuando la diseñadora presentó su primera propuesta. Desde entonces, la leyenda de Carolina Herrera New York no ha hecho más crecer, consiguiendo conectar en cada momento con los deseos de su clientela. Y sí, hablar de deseo cuando uno de los ejes vertebradores son los corazones es redundante, pero recordar emociones positivas es, dado el contexto sociocultural y sanitario, más necesario que nunca. Es lo que ha hecho Gordon en las comunicaciones previas a la colección, y también en las declaraciones que han seguido al lanzamiento. “Para mí es más que un símbolo, es un recordatorio de la importancia del amor”, ha sostenido. “No hay nada que necesitemos ahora mismo más que el amor. Y amamos la ciudad, y amamos la moda”. Por supuesto, también es la idea, junto a la oda a Nueva York, que parece subyacer en esa voluminosa falda multicolor o en los vestidos de lentejuelas. Y también, claro está, el concepto encapsulado en los ubicuos corazones.

Esta forma estilizada de tintes pop se ha colado en un vestido negro y en otro rosa de hechuras bien diferenciadas a través de diversas técnicas que trascienden el estampado (tamibén los hay bordados), además de en un cárdigan de punto fino (que recuerda, al igual que el conjunto rojo, a aquellos looks de prefall que fueron los favoritos del equipo de diseño), en jerséis lisos a los que se les intuye el sold out o incluso en las ya clásicas camisas blancas de mangas abullonadas. También en las hebillas de cinturones de regusto eighties, y en las aberturas de un vestido calado, además de en los bolsillos de camisas oscuras. En definitiva, de prácticamente todas las prendas más informales de la propuesta, sin olvidar los zapatos y los bolsos de CH Carolina Herrera, además de los pendientes XL que también parecen inspirarse en la década en la que la diseñadora de origen venezolano comenzó su andadura. Su inclusión no es baladí: desde hace cuatro temporadas, la firma ha ido ampliando su categoría de joyería, al mismo tiempo que la de belleza, recién estrenada y presente en los labiales que han lucido todas las modelos.

Los corazones también son visibles en otros aspectos menos evidentes, como los escotes o incluso los patrones de los vestidos, como sucede con el rojo de tul que forma parte de ese elenco de trajes de noche. Porque sí, los ha habido. “La industria de los vestidos de fiesta no es lo que era hace un año”, ha concedido Gordon. “Pero hay rincones del mundo en los que se siguen vendiendo. Y, además, no sería una colección Herrera sin ellos”, ha afirmado para, acto seguido, reivindicar la labor de su taller. A ellos les concede el mérito de continuar creando esas “piezas que quieres quedarte mucho tiempo”, como las falda de tafeta, que, como es habitual, han tenido un lugar destacado en la presentación y que, de hecho, conforma uno de los looks favoritos de Gordon.

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